La salud mental de los deportistas más jóvenes

La salud mental o bienestar emocional es el equilibrio entre las personas y el entorno sociocultural que los rodea. Tener una buena salud mental implica saber gestionar situaciones de estrés en la vida y conseguir un estado de bienestar mental. La salud emocional en niños/as y adolescentes debe de ser cuidada con mucha precaución, están en etapa de crecimiento y cada acontecimiento que les suceda, repercutirá en su futuro. Por ejemplo, el deporte es una situación en la vida que puede generar estrés y ansiedad, por lo tanto el equilibrio mental de una persona lo altera. Sin embargo, paradójicamente es una de las actividades que favorecen el bienestar emocional, además de que aporta muchos beneficios físicos.

Pero, ¿qué pasa si el equilibrio que tiene que mostrar el deporte en la salud mental no es el adecuado? ¿Y si aporta más mal que bien? Actualmente, hay deportistas profesionales que reconocen haber tenido problemas de salud mental, ya bien ansiedad, depresión… Como por ejemplo, Ricky Rubio, jugador de baloncesto a nivel profesional. Hizo un parón en su carrera deportiva declarando que sufría estrés crónico y un trastorno de ansiedad. Dejó la NBA y días después anunció su retirada del baloncesto. Estuvo casi un año sin jugar y finalmente volvió al baloncesto incorporándose en un equipo español comenzando la temporada en enero de 2024.

Y es relevante añadir que Ricky Rubio empezó a jugar de manera profesional a los 14 años. El hecho de haber comenzado tan joven y tener ciertas dificultades, que a continuación se enumeran, relaciona la edad con la que empezó y la ansiedad al paso de los años.

De hecho, datos recientes publicados por el Comité Olímpico Internacional informan que el 33,6% de los deportistas de élite tienen problemas de salud mental como la depresión o la ansiedad. O por ejemplo hace 4 años, en las olimpiadas de Tokyo 2020 salieron a la luz cifras sobre la salud mental de los atletas del equipo canadiense: el 41% de los deportistas de ese equipo sufrieron problemas de salud mental y de ellos el 31,7 % de los atletas sufrieron depresión; el 18,8% ansiedad general moderada, (12,9% ansiedad general moderada y 5,9 % ansiedad severa) y el 8,6% trastornos en la alimentación. Esto puede llevar a la duda que si a los profesionales les sucede esto, ¿les pasará también a niños/as y adolescentes que practican un deporte? ¿Por qué su salud mental se ve afectada? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Es en todos los deportes igual? ¿Hay algo que se pueda hacer para evitar esos problemas? ¿Y para mejorar la salud mental de los deportistas más jóvenes?

Para los niños y niñas es vital el deporte. Se están desarrollando, y adquieren distintos beneficios para que crezcan mejor. Para empezar, el deporte favorece el crecimiento físico, eso hace que se estimulen los tejidos óseos y musculares. Previene enfermedades como la obesidad y el sobrepeso. El deporte potencia hábitos de vida saludable, en vez de estar sentado viendo la televisión, va a entrenar, o aprende a organizarse teniendo en cuenta que tiene que irse de casa para ir a entrenar. También, enseña a convivir entre otras personas, compartir los materiales, potenciar la empatía y la comunicación, por lo que ayuda a trabajar en equipo. Aún siendo un deporte individual, se potencia mucho el trabajo en equipo y la cooperación. Al estar en un equipo o en un club, les enseña a saber que sus actos tienen consecuencias en el grupo. El deporte ayuda a reducir el estrés, por lo que los niños viven en un estado más tranquilo y crea un ambiente de estudio más relajado y menos estresante, así que mejora el rendimiento académico. Debido también a que en el deporte hay un valor del esfuerzo, aprenden a que esforzándose consiguen sus objetivos y metas propuestas. En general, ayuda mucho al estado de ánimo del niño/a.

Por ende, el deporte debería de aportar muchas cosas positivas y prácticamente ninguna negativa. Pero actualmente, el deporte influye muchas veces negativamente en los niños. A menudo los niños sufren demasiada angustia ante la competencia. La presión y miedo al fracaso y las expectativas demasiado altas, hacen que el niño o la niña tenga pánico y desinterés por el deporte. Aunque lleven practicando ese deporte casi toda su vida, esa sensación puede llegar de un momento a otro. Las críticas continuas hacia su rendimiento deportivo, puede generar una baja autoestima en ellos. Empiezan a compararse, a fijarse solo en sus defectos deportivos y así es como el niño empieza a odiar el deporte. Muchos entrenadores y hasta muchos padres pretenden que sus niños y niñas sean los mejores en ese deporte, que destaquen. El excesivo perfeccionismo puede llegar abrumar a los niños. Todas estas cuestiones afectan al interés y motivación sobre ese deporte. Van desarrollando ese miedo al fracaso y claramente puede afectar al rendimiento académico.
Pero no todos los deportes afectan de igual manera a la salud mental de niños/as y adolescentes. Un estudio realizado por Matt Hoffmann, profesor asistente de kinesiología de la Universidad Estatal de California en Fullerton, concluyó que realizando un deporte de equipo como el baloncesto o el voleibol, los niños eran menos propensos a presentar signos de ansiedad, depresión, problemas sociales y problemas de atención. Mientras que en los individuales, como el atletismo o el judo tenían mayor probabilidad de desarrollarlos. Además, en los deportes de equipo, tanto las derrotas como las victorias, los niños comparten esas sensaciones y emociones con el resto de sus compañeros, y en los deportes más individuales, los niños tienden a culparse y a frustrarse demasiado.

Y no es el único estudio que reitera estos datos. Un estudio realizado por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, encuestó a 816 personas (411 hombres y 405 mujeres) entre 12 y 18 años que practicaban deportes individuales y colectivos en Castilla la Mancha. No se relacionó la edad y el género con los resultados obtenidos, pero sí en cuanto a la motivación de las personas. En los deportes colectivos se detectó que había una creciente motivación por parte de los deportistas en comparación con las personas que practicaban deportes individuales, que era mucho más baja. Por ende, los deportes individuales suelen causar más ansiedad, y pueden afectar a la salud mental del niño/a negativamente.

Por lo tanto, las consecuencias que puede generar una mala relación con el deporte son preocupantes. Provocar al niño desinterés por la actividad física, frenar ese hábito saludable, puede afectar a su forma de ser y a sus costumbres el día de mañana.

Es importante que a la hora de que un niño/a practique un deporte, tener en cuenta su salud mental. Cuidar mucho lo que se dice sobre él/ella en relación a su rendimiento deportivo o evitar las comparaciones y comentarios negativos, puede llegar a evitar problemas mayores como la ansiedad y la depresión. Liberarle de presión es vital para no generar rechazo a la actividad física. Supervisar cómo va evolucionando en el deporte es de gran ayuda. Hay que fijarse si pierde el interés cuáles son sus causas. Nunca es demasiado tarde para empezar a cambiar esas conductas que poco a poco van calando en la conciencia del niño y puede llegar a abrumarle. Sobre todo porque el deporte es una actividad muy beneficiosa para edad de crecimiento, para generar hábitos de vida saludable y para tener una buena salud mental. Claramente, en el deporte hay que esforzarse y frustrarse de vez en cuando. Pero hay que controlar si eso supone demasiado estrés y miedo del que debería.

El papel de los padres, madres y entrenadores es muy importante en el deporte infantil. Para los niños las figuras maternas y paternas son una de sus fuentes más fiables, por lo que si un padre le dice a su hija que se esfuerce más jugando por ejemplo al fútbol, la niña se lo va a creer y va intentar que su padre esté orgulloso de
ella. Al igual que pasa con los entrenadores y técnicos deportivos, para niños/as y adolescentes, un entrenador les supone un experto en el deporte que practican por lo que literalmente van a creer todo lo que les diga y más aún siendo niños. Una de las soluciones ante problemas de salud mental relacionados con el deporte es aceptar el papel de madres, padres y entrenadores, que significa en su mayoría que todo lo que se le diga al niño/a repercutirá en ellos de una manera u otra.

Un recurso externo que puede ayudar mucho a la salud mental de los atletas y deportistas son los psicólogos deportivos. Son profesionales en la psicología y especializados en el ámbito deportivo. Estos ayudan a los deportistas a gestionar situaciones de ansiedad y depresión, que pueden evitar problemas mayores de salud mental y a motivarlos cada día. Muchos clubes y equipos los señalan como una de las claves para el éxito, ya que no solo trabajan con deportistas sino también entrenadores.

En conclusión, el deporte aporta muchos beneficios y más aún estando en edad de desarrollo. Pero también puede suponer un estrés continuo y llegar a desarrollar problemas graves de salud mental. Como soluciones o prevenciones se podría tener más en cuenta los sentimientos y el bienestar mental del niño y aportar una motivación y ayuda extra con un psicólogo deportivo.

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