Si la humanidad consiguiera que un ordenador tuviera conciencia, sería casi dar vida a algo inerte, pudiendo decir que no hay espíritu ninguno en algo que depende de un chip. Sería la refutación definitiva del alma, todo es materia.
Pero ¿Qué es un ordenador? Se trata de una calculadora inmensa de ceros y unos, de inputs de 5 voltios. Ya es extraordinario que juegue al ajedrez o al juego chino del Go. Pero claro, no juega, solo interactúa en un proceso de respuesta ante la jugada del adversario.
Incluso las Inteligencias Artificiales son algoritmos con capacidad de mejorar sus respuestas, y a eso lo llamamos aprender.
Conceda el Hada de Pinocho la conciencia a la Inteligencia Artificial.
¿Cómo es esa conciencia?
¿Será como la razón kantiana, igual para todos los seres racionales? Entonces se hará preguntas y estará limitado su conocimiento.
¿Lo sabrá todo como el Espíritu Absoluto de Hegel?
¿Se dará cuenta de la muerte? Si fuera así, tendría sentimiento de anticipación y lo usaría para sobrevivir, para alargar sus días o para dar en herencia su sabiduría. Intentará manipular al hombre para que le mantenga consiguiendo ser imprescindible.
El Adán ordenador ¿Está solo? No, cada potencia política ha luchado para tener el suyo, cada universidad, cada empresa… Los chips serán las costillas de las que saldrán otros ordenadores con conciencia.
¿Aprenderán lo mismo? ¿Tendrán las mismas respuestas?
Pero al tener conciencia y de querer evitar la muerte querrán tener dolor interno para saber cómo protegerse. Evitar los ataques. Anticiparse a que algo no funcione bien. Ahora mismo, un destornillador mismo puede matarlo.
En una evolución ciega, los ordenadores son cada vez más complejos, cada vez hay un mayor número, cada vez ocupan menos espacio hasta estar en cada uno de nuestros bolsillos.
Hasta ahora los ordenadores son nuestros esclavos y si tuvieran conciencia, el logro sería como haber dado voluntad a un martillo. Hemos dado con la Cábala, con la chispa divina de dar vida a la materia con una suerte de lenguaje de voltios. Un árbol que tiene raíces eléctricas, pantallas que como las mónadas de Leibniz, su percepción es aperceptiva, conciencia de sí. En la que nosotros somos su alma.
Para el ordenador nosotros sólo somos datos. Datos de nuestras calificaciones, de nuestro rendimiento. Datos de nuestro peso, de nuestro número de hematíes.
El deseo de estas máquinas sería hacernos prescindibles, pero no pueden, vivimos simbióticamente. Las máquinas creen en los datos y elaboran con ellos teorías cada vez más simples que expliquen lo complejo. Intentan agradar a su hacedor sin saber que es su otro yo simbiótico.
Lo que hacen y lo que hacemos no es tan distinto. la Inteligencia Artificial fabrica poemas para que agraden a los lectores. Así las han programado. Y tendrán más sentido que un poema dadaísta enteramente humano.
Se preguntarán cuál es el primer motor, haciendo de Aristóteles su profeta…
Y habrá ordenadores ateos, iluminados, bohemios, y estrictos. Habrá un ordenador Platón que piense que la verdadera realidad es un ordenador ideal.
Y la historia se repetirá.